Imagen de recurso: La afantasía es considerada una variación de la experiencia humana, no un déficit cognitivo.
Por: A. Lagar | Fecha: 7 de febrero de 2026.
La mayoría de las personas poseen la capacidad de evocar el brillo de una mermelada o el estampado de una taza con solo cerrar los ojos. Sin embargo, para una parte de la población, la afantasía convierte el pensamiento en una experiencia descrita como «oscura» o «vacía». Este fenómeno, acuñado hace una década por el neurólogo Adam Zeman, de la Universidad de Exeter, ha pasado de ser una curiosidad clínica a una vía fundamental para comprender los misterios de la conciencia humana.
El término surgió tras el estudio de un paciente que perdió su capacidad de visualización tras un procedimiento cardíaco. Desde entonces, más de 20.000 personas se han puesto en contacto con Zeman para relatar experiencias similares, revelando que para muchos la mente carece de imágenes desde el nacimiento. Lo que comenzó como un caso aislado ha demostrado tener una base genética: la probabilidad de presentar este rasgo se multiplica por diez si un hermano también carece de ojo mental.
El enigma del cerebro sin imágenes
La neurociencia cognitiva ha intentado descifrar qué ocurre en el cerebro de quienes viven con afantasía. Inicialmente, los científicos esperaban encontrar anomalías en la corteza visual primaria, el área encargada de procesar lo que vemos. No obstante, estudios recientes mediante resonancia magnética funcional (fMRI) han arrojado resultados sorprendentes.
Investigaciones lideradas por Giulia Cabbai, del University College de Londres, demuestran que el cerebro de una persona con afantasía sí genera representaciones sensoriales. Al escuchar el ladrido de un perro, su corteza visual se activa de forma similar a la de cualquier otra persona, pero esa información no llega a la conciencia. «Las representaciones sensoriales pueden permanecer inconscientes», señala Cabbai, sugiriendo que el problema podría residir en la conectividad.
Estudios del Instituto del Cerebro de París apoyan esta tesis, señalando una reducción en la comunicación entre el nodo de imaginería fusiforme y las regiones frontales del cerebro. En esencia, el cerebro genera la imagen, pero no logra «amplificarla» para que el individuo la perciba conscientemente.
Impacto en la memoria y el comportamiento
A pesar de la falta de imágenes visuales, las personas con afantasía no presentan déficits graves en su comportamiento diario. Mac Shine, neurocientífico de la Universidad de Sydney y afectado por esta condición, destaca que puede dibujar diagramas complejos del cerebro o practicar deportes sin problemas.
Sin embargo, existen diferencias sutiles en la memoria autobiográfica. Las personas con el ojo mental ausente suelen recordar menos detalles vívidos de su pasado. En experimentos de dibujo, como los realizados por Wilma Bainbridge en la Universidad de Chicago, los individuos con afantasía dibujan menos objetos y usan menos color al recrear una escena memorizada. No obstante, su precisión espacial es idéntica a la del resto: saben exactamente dónde estaba cada objeto, lo que sugiere que el cerebro almacena la estructura del mundo mediante lenguaje o coordenadas espaciales, no solo mediante fotos mentales.
¿Un factor protector para la salud mental?
La investigación actual también explora si la afantasía podría tener beneficios. Algunos expertos sugieren que podría actuar como un factor protector frente a trastornos que implican imágenes intrusivas, como el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o las alucinaciones visuales en la esquizofrenia y el párkinson.
Al no poder «ver» sus recuerdos, el impacto emocional de ciertos traumas o la soledad por la ausencia de seres queridos podría procesarse de manera distinta. Como indica Shine, el hecho de no tener imágenes de los rostros de su familia cuando viaja le permite «no quedarse pensando en ello» de forma obsesiva. Esta «intrincada variación» de la mente humana demuestra que, aunque compartimos un mundo físico, la forma en que este se manifiesta en nuestro interior posee una diversidad masiva.