La pérdida de biodiversidad obliga a los mosquitos a cambiar sus hábitos alimenticios, aumentando su preferencia por la sangre humana ante la desaparición de sus huéspedes naturales en bosques fragmentados.
Por: A. Lagar | Fecha: 22 de enero de 2026
El equilibrio de los ecosistemas es la barrera invisible que protege la salud pública. Sin embargo, cuando esa barrera se rompe, las consecuencias llegan en forma de picadura. Un nuevo estudio liderado por el Instituto Oswaldo Cruz de Río de Janeiro ha revelado una tendencia preocupante: en entornos donde la fauna salvaje disminuye, los mosquitos están redirigiendo su sed de sangre hacia las personas. Este fenómeno sugiere que la población de mosquitos que antes se alimentaba de una gran variedad de animales ahora encuentra en el ser humano su objetivo principal debido a la degradación ambiental.
La investigación, centrada en la Mata Atlántica brasileña, demuestra que la fragmentación de la selva y la expansión de los asentamientos están alterando la dinámica epidemiológica. «En un entorno con gran diversidad de huéspedes, la preferencia por los humanos aumenta significativamente el riesgo de transmisión de patógenos», advierte el Dr. Sergio Machado, coautor del estudio.
El ADN no miente: humanos como plato principal
Para entender este cambio de comportamiento, los investigadores utilizaron técnicas de secuenciación de ADN, actuando como detectives biológicos. Capturaron más de 1.700 ejemplares en reservas naturales del estado de Río de Janeiro y analizaron el contenido gástrico de las hembras ingurgitadas.
Los resultados fueron reveladores. Al comparar el «código de barras» genético de la sangre encontrada en los insectos con bases de datos de vertebrados, descubrieron que la gran mayoría de las capturas contenían sangre humana. Aunque se identificaron restos de aves, anfibios y roedores, la frecuencia de ataques a personas fue desproporcionada. Según el estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution , incluso se detectaron casos de alimentación mixta, donde un mismo mosquito (como la especie Cq. venezuelensis) había picado tanto a un anfibio como a un humano en un corto periodo de tiempo.
¿Preferencia innata o falta de opciones?
El estudio plantea una pregunta clave: ¿nos buscan porque les gustamos o porque no tienen a quién más picar? La respuesta parece ser una mezcla de ambas. Si bien algunas especies pueden tener preferencias biológicas, la disponibilidad y proximidad del huésped son factores determinantes.
A medida que la deforestación expulsa a los animales nativos de sus hábitats, los humanos nos convertimos en el «huésped más frecuente» y accesible. «Con menos opciones naturales, los mosquitos se ven obligados a buscar fuentes alternativas y terminan alimentándose de humanos por conveniencia», explica Machado. Este contacto estrecho no solo es molesto, sino que convierte a estas zonas en puntos calientes para la propagación de enfermedades como el Zika, el Dengue, la Fiebre Amarilla o el Chikunguña.
Vigilancia para prevenir futuros brotes
Los científicos subrayan que este cambio en la dieta de los mosquitos es una señal de alerta temprana. La Mata Atlántica, de la que solo queda un tercio de su superficie original, sirve como laboratorio de lo que podría ocurrir en otras regiones tropicales del mundo bajo presión humana.
Saber que los mosquitos de una zona específica tienen una «fuerte preferencia» por los humanos permite a las autoridades sanitarias diseñar estrategias de prevención. La vigilancia activa y la restauración de los ecosistemas no solo protegen la fauna, sino que actúan como un escudo sanitario para las poblaciones locales. A largo plazo, el control de las enfermedades virales dependerá inevitablemente de nuestra capacidad para mantener el equilibrio del ecosistema.
Fuente: Frontiers News / Investigación original: Frontiers in Ecology and Evolution.